
Como te anuncie, llevas la foto y los nombres que me acuerdo.
De izquierda a derecha de pie Miguel Azuela , Francisco Díaz con su padre Encarnación Díaz
el amigo Vicente Vaello con Daniel Ramos mi tío Hilario Carrasco y Diego Fernández.
se conocen algunos mas pero no son los herreros antiguos que es mi escrito. Saludos






Dando vueltas en el pueblo, por las casas más antiguas, se observan muchas rejas construidas a mano, con remaches en los empalmes y taladros hechos en la fragua a base de yunque y martillo. Son reliquias heredadas de nuestros antepasados, la mayoría tiradas a la chatarra por no tener un local apropiado donde guardar estas maravillas, que no volverán a construirse con los sudores de aquellos buenos herreros, que forjaron tantas rejas, cancillas y puertas, en aquellos tiempos sin materiales apropiados.
No creo que a estos buenos forjadores les haya sido reconocido su esfuerzo en el trabajo, pasando toda la vida entre hierros moldeados por el fuego y la “machota” reparando las piezas que los labradores acarreaban a diario, siendo imprescindibles para las tejas en los arados y los formones en las vertederas, que se gastaban arando en el campo.
Los herreros eran maestros, que siempre tenían un zagal de ayudante, que estaba aprendiendo el oficio, siendo algunos aprendices muy aplicados. Pero con las modernas construcciones la fragua se quedó atrasada, necesitando el pueblo otro sistema que estuviera mas al día.
Yo pongo mi granito de arena, para un gran reconocimiento de aquellos incansables y buenos Maestros de la fragua, que estaban siempre dispuestos cuando recibían el aviso de alguna persona, que no podía abrir su puerta o no podía cerrarla: tenían unas “ganzúas” especiales y mucha habilidad para este menester.
Yo tengo un curioso recuerdo de niño: cuando conseguía que un carpintero me hiciera un repión de encina, se lo llevaba al herrero.
Tio Antonio Gallardo, que era mayor y tenía menos trabajo fuerte; se dedicaba más a las llaves de cerraduras y los “grillos” (especie de cerradura casera, con un arco y llave de rosca) para que le pusiera una “púa” fuerte y larga, con buena punta, que era el terror de la calle en el juego del repión... si no los rajaba por lo menos le hacia una buena “cocotera”, además de ser el herrero más cercano, en el callejón frente al molino de Carreta, los otros estaban más lejos.
Otros herreros eran, Daniel el de la rama, que estaba en la calle San Andrés, tio Encarnación en el Castillo, Antonio en la calle Mora, Miguel Azuela en la calle Oliva y Diego en la calle Sevilla. Otro que estaba muy cerquita era Custodio Azuela pero tenía siempre mucho trabajo, con aprendices siempre muy buenos.
Los tiempos cambiaron, el trabajo también y la forja en la fragua dejó paso a las necesidades de una era más moderna con mejores maquinarias, buenos materiales y otro sistema de herrerías.
Hoy la mayoría de los trabajos de puertas y cancelas están hechos con métodos más modernos. Queda en el recuerdo la existencia de aquéllos maestros.
Faustino Jiménez 28-1 -2008